PUEBLOS ROJOS

El terreno donde se levantan estas localidades es la clave para comprender el porqué de su nombre. Son tierras de arcilla y piedra ferruginosa que se emplean para la construcción de sus edificios lo que les aporta ese carácter camaleónico integrándose a la perfección con el paisaje que los rodea.

Las viviendas tradicionales tienen planta rectangular cubierta con tejado a dos aguas, y en uno de los lados menores hacía un tercer faldón. Se levantan en dos alturas. En la planta baja estaba el ganado, la leñera, los aperos de labranza…, y en la primera planta las habitaciones y la cocina que tenía un hogar de piedra con una gran campana que ocupaba todo el techo. La puerta de entrada es de una sola hoja de madera en cuya parte superior hay un ventanuco. Los balcones y ventanas tienen enrejado.

Rodean estas localidades los bosques de roble, tan abundantes en esta zona, que se ven salpicados de huertas con árboles frutales y campos de cereal.

Componen la ruta de los pueblos rojos las localidades de Alquité, Madriguera y Villacorta.

 
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